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jueves, 10 de noviembre de 2011

Primer hombre curado del sida

Timothy Ray Brown, paciente alemán que contrajo el VIH hace más de 3 años, parece haber eliminado de su organismo todo rastro del virus gracias a un tratamiento con células madre. Esto abre paso a una posibilidad y esperanzas de vida para los pacientes con Sida, cuya condición era hasta el momento incurable.
El Sida  vuelve deficiente nuestro sistema inmunológico de modo que no podemos defendernos naturalmente de las enfermedades.
El paciente, tratado en el hospital Charite Universitatsmedizin, teniendo Sida desarrolló leucemia en el 2007. Para combatir este cáncer en la sangre, se aplicó los tratamientos normales para todo cáncer como la quimioterapia y otros sin resultados positivos. Esta quimioterapia fue muy agresiva y destruyó la mayoría de las células del sistema inmune.
En un intento de salvar su vida, se le realizó un procedimiento alternativo: transplante de médula ósea, la cual provenía de un paciente con una extraña mutación genética que lo hacía inmune al VIH. El transplante consistió básicamente de células madres sanguíneas las cuales le ayudarían a regenerar su propia médula.
Después de hacerle pruebas al paciente, parece haber desaparecido el virus del Sida. Los doctores creen que fue debido a la repoblación de las células madre transplantadas, éstas al ser inmune a la enfermedad terminaron de erradicarla.
Eto puede darnos esperanza debido a la existencia de terapias génicas aún en pruebas, que librarían a nuestras células del mismo receptor del Sida.
En cuanto al paciente ya se le considera curado; no obstante lo está de la variedad más común del sida, ya que existen otras variedades más agresivas Por lo tanto, el paciente bien podría estar infectado de está variedad pero aun en estado latente y a la espera de manifestarse más adelante, lo cual en realidad implica que aun podría contagiar a otros.En cualquier caso, es una buena noticia, ya que con las terapias génicas bien se podrían bloquear ambos receptores, sólo queda esperar que la medicina siga avanzando.

martes, 25 de octubre de 2011

Una perspectiva personal

Hola, tengo 30 años, soy una mujer heterosexual y no tengo hijos. No utilizo medicamentos intravenosos ni soy hemofílica. No obstante, tuve relaciones sexuales sin protección con varios hombres heterosexuales. Sé que este tipo de accionar puede producir resultados mortales y me he sometido a 2 pruebas de VIH con resultados negativos en los últimos 10 años. La última prueba la realicé en el año 1996. Desde la última prueba de detección del VIH, he tenido relaciones sexuales 5 veces sin utilizar protección.
No había pensado demasiado en el tema hasta que me enteré que una familia local había contraído VIH. Empecé a pensar sobre mi actuación y cómo he estado arriesgando mi vida y la de los demás, ya que no sé cuál es mi estado actual.
Fui muy afortunada al obtener resultados negativos en las últimas dos pruebas de VIH a las que me he sometido. Durante las últimas dos semanas, he estado leyendo artículos sobre el VIH/SIDA, junto con historias de mujeres infectadas que están luchando contra la enfermedad con valentía. Además, estuve leyendo los signos y síntomas de la enfermedad. He implorado por ayuda y una posibilidad más de comenzar una nueva vida si la prueba arrojara resultados negativos nuevamente.
Esta mañana me sometí a otra prueba para detectar el VIH y, gracias a Dios, los resultados son negativos. Les aconsejo a todas las personas, ya sean de raza negra, blanca, homosexuales y heterosexuales, que se realicen la prueba. También les quiero agradecer a las mujeres, hombres y niños que contaron sus historias en este sitio. Debí haber leído sus palabras miles de veces. Han marcado la diferencia en mi vida.





jueves, 20 de octubre de 2011

¿Yo? Imposible...

Juan cursaba el primer semestre de la escuela preparatoria local. Dos años mayor que sus compañeros, era el capitán de la banda de guerra de la escuela y también un buen basquetbolista. Vestía bien y caminaba erguido, rara vez perdía el control y hablaba sin groserías. Tenía 18 años cumplidos.
Ana entró en la preparatoria con los recuerdos frescos de su fiesta de cumpleaños aunque desde los 14 aparentaba 17 y desde los 13 observaba a los muchachos con atención.  

Se conocieron desde el primer día de clases. Hablaban sin titubear, moderaban su risa, sus movimientos eran suaves y firmes, sonreían, gozaban cuando se veían. Para Juan, Ana no significó mucho al principio pero cuando la naturaleza maduró su cuerpo se dio cuenta de que sólo un ciego no podría apreciar tal muchacha. Después de cuatro meses de haberse conocido, empezaron a trabajar juntos en las tareas y antes de un mes se habían comprometido. Los trabajos procuraban hacerlos de las cuatro de la tarde en adelante, después de comer, pero pronto aprendieron que era mejor después de las cinco, aún mejor después de las seis, siete y ocho de la noche. La realidad era que terminaban sus tareas y luego aprovechaban el tiempo para vivir su noviazgo.

A los dos meses de noviazgo se besaban y acariciaban intensamente, a los cuatro ya sus manos no tenían que palpar nada, a los cinco faltó la regla…